Stamateas

Suelen hacerme la siguiente pregunta: “¿Es posible enamorarse a la distancia, a través de las redes sociales, sin tocar y sin sentir al otro?”.



La verdad es que muchas parejas se han formado por redes sociales y funcionan bien. Por supuesto que uno se puede enamorar desde lo virtual, pero ¿eso alcanza? No, hace falta además lo presencial. Es decir, comenzamos virtualmente pero luego tiene que haber presencia.

Podríamos comparar lo virtual con alquilar una propiedad y lo presencial con comprarla. ¡No es lo mismo! Es bueno alquilar, cuando uno no tiene el dinero para comprarse la casa, pero es mucho mejor ser dueño. Es posible empezar por lo virtual porque la intimidad es un proceso de construcción en el tiempo. Pero es fundamental lo presencial porque nos brinda el mirarnos cara a cara, el oírnos, el tocarnos (¡cuando termine la cuarentena y podamos hacerlo!). Todo eso contribuye al armado del vínculo.


Otro elemento muy importante, a la hora de formar pareja, es mantener la individualidad: lo que somos, lo que nos gusta, lo que nos pertenece solo a nosotros. Nunca deberíamos perder eso cuando comenzamos una relación, esta se afianza y, más adelante, vienen los hijos. Para disfrutar de una vida plena de a dos o en familia, no hay que perder ese orden: yo-pareja-hijos. Cuando existe la diferenciación de proyectos entre ambos, podemos alimentar y retroalimentar el vínculo y, luego, también ocuparnos de los chicos y demás personas en nuestra vida (padres, amigos, etc.). 


Ahora, cuando los chicos están sobre la pareja, o la pareja está sobre nuestra individualidad, se produce un desorden o desequilibrio que puede traer grandes dificultades. Es por ello que siempre aconsejo a las parejas que no pierdan sus proyectos, sus espacios personales, sus preferencias, sus amistades. Solo así somos capaces de apreciar al otro en su totalidad, pues siempre hay cosas que nos enamoran, cosas que nos desenamoran y cosas neutras. 


Recordemos: primero viene el yo (lo cual no es una actitud egoísta), después viene la pareja y a continuación los hijos a quienes, de esta manera, podemos transmitirles todo el amor que surge en nosotros y entre nosotros de forma sana. 


Una pareja es como un bandoneón: necesitan tanto estar juntos como estar separados. Si yo estoy 24/7 con quien está a mi lado (la situación que muchos atraviesan en este aislamiento), todo se vuelve conflictivo. Aquí tenemos que mencionar que uno elige pareja por la similitud (a todos nos gusta la gente parecida a nosotros) y por las diferencias. Así armamos la “complementariedad”. Pero demasiada cercanía hace que las diferencias molesten. Para evitar eso, procuremos ahora y siempre buscar espacios de individualidad, de privacidad (también aplica para los hijos) para que luego disfrutemos los encuentros y el tiempo juntos. De este modo, logramos estar juntos y separados de manera dinámica, lo que nos permite disfrutarnos, dialogar y valorar al otro y el vínculo que hemos armado: la pareja, una “alianza de dos hacia una meta”.

Lic Bernardo Stamateas, para Noticias de Deán Funes

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